marzo de 2022
Marea Verde en América Latina: festín de colaboración de clases
La lucha
por el pleno derecho al aborto,
de América Latina a EE.UU.
¡Aborto libre a quien lo solicite! ¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista!

Contingente del Internationalist Group en la marcha del 21 de septiembre de 2021 en la protesta en Nueva York en contra de la ley antiaborto de Texas. (Foto Internacionalista)
8 de MARZO de 2022 – En este Día Internacional de la Mujer, la batalla en torno al aborto se encuentra en un momento crítico en todo el continente. Al mismo tiempo que fuerzas reaccionarias en Estados Unidos agitan las banderas del “derecho a la vida” y “la familia” para eliminar derechos conquistados en el pasado, en otras latitudes del hemisferio ha habido un auge de movilizaciones para eliminar leyes que han arrojado a miles de mujeres a las cárceles por el “crimen” de haber puesto fin a un embarazo no deseado (e incluso por haber tenido un aborto espontáneo). Mientras que el capitalismo en decadencia pone en entredicho los derechos de todos los oprimidos, por doquier se presenta a quemarropa la cuestión del control estatal del cuerpo de la mujer. La catástrofe que se avecina en EE.UU., donde el derecho al aborto consagrado en la Constitución se encuentra a punto de ser eliminado tras haber estado en vigor durante medio siglo, resalta la necesidad de librar una lucha revolucionaria de clase en aras de la liberación de la mujer.
Mucho se ha hablado en América Latina de la Marea Verde, la denominación que grupos feministas han dado a las movilizaciones de masas que lograron que el aborto se legalizara parcialmente en Argentina. La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito se retrotrae a 2003 y fue producto del XVIII Encuentro Nacional de Mujeres.1 En el encuentro se decidió adoptar como símbolo de la campaña por el derecho al aborto el pañuelo asociado con las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo,2 pero en color verde, para simbolizar la vida. A principios de 2018 se anunció que se realizaría un debate legislativo y una subsecuente votación para la legalización del aborto. En respuesta, se llevó a cabo un pañuelazo frente al Congreso argentino que contó con la participación de miles de mujeres, especialmente jóvenes, que portaban pañuelos verdes. Así se originó la Marea Verde de masivas movilizaciones que tuvieron lugar hasta que el congreso finalmente aprobó la Ley para la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en los últimos días de 2020.

Activistas feministas portan pañuelos verdes en una manifestación en Buenos Aires, Argentina, 28 de mayo de 2019, en apoyo a una iniciativa para legalizar el aborto. (Foto: Emiliano Lasalvia)
En otros países del continente, la Marea Verde ha sido descrita como una “revolución feminista”. Sin embargo, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto en Argentina fue iniciada por profesionistas convencionales (doctoras, abogadas y académicas), y la elección del pañuelo verde como su símbolo fue tomada en acuerdo con la organización Católicas por el Derecho a Decidir. El movimiento feminista que le antecedió, Ni Una Menos, en protesta por los asesinatos de mujeres, fue organizado en colaboración con políticos capitalistas y con la iglesia católica.3 A diferencia de lo que ocurre en muchos países en los que la política burguesa está marcada por una contraposición entre fuerzas que son social y económicamente conservadoras, por un lado, y fuerzas que son social y económicamente liberales, por otro, quienes defienden el derecho al aborto en Argentina se encuentran tanto entre los seguidores del presidente derechista Mauricio Macri (2015-2019), como entre los que apoyan al populista Frente de Todos, ahora en el gobierno.
El Frente de todos es la actual expresión política del peronismo,4 que se especializa en la cooptación de movimientos de protesta para integrarlos en sus redes de control clientelar. La iniciativa para la IVE se debatió (y rechazó en el senado) cuando se presentó por séptima vez en 2018, cuando Macri era presidente. No fue sino hasta el 30 de diciembre de 2020, bajo el gobierno peronista, que la Ley 27,610 fue aprobada para legalizar el aborto en las primeras 14 semanas de la gestación. Se trató de un considerable avance para los derechos de la mujer en Argentina y en buena parte de América Latina, en donde el aborto ha sido tratado como un delito grave. Sin embargo, pese a los elogios que le propina la izquierda, la Marea Verde que se movilizó para conseguir la aprobación de esta ley dista de ser radical. Se trata, en cambio, de un festival de colaboración de clases bajo la dirección de corrientes políticas burguesas, lo que trae consigo obstáculos y limitaciones para conseguir derechos clave, ya no digamos una verdadera liberación de la mujer.
Cristina Fernández –esposa del difunto presidente Néstor Kirchner, ella misma presidenta (de 2007 a 2015), y ahora vicepresidenta– es la actual abanderada de la corriente kirchnerista del peronismo y una de las figuras centrales en todo esto. Cuando fue presidenta, se opuso explícitamente al aborto, pero después de que el sucesor que ella misma eligió fuera derrotado en las elecciones de 2015 –y después de que el tamaño de las protestas mostrara que los vientos electorales soplaban en otra dirección– dijo en 2018 estar a favor del derecho al aborto. En la campaña electoral de 2019, el actual presidente Alberto Fernández (que no es pariente de Cristina) apoyó igualmente la descriminalización del aborto. En la campaña #AbortoLegal2020, vigilias y plantones de masas frente al congreso sirvieron como caja de resonancia para los legisladores del Frente de Todos. Estos políticos burgueses sustituyeron la iniciativa de ley de las feministas con su propia versión, que fue aprobada por una mayoría predominantemente peronista, pero también con el apoyo de miembros de la Unión Cívica Radical (UCR) y otros conservadores tradicionales, así como por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad (FIT-U).

Antiabortista de línea dura Juan Manzur junto a Cristina Fernández. (Foto: Punto a Punto)
La aprobación de la ley para la IVE en Argentina tuvo un enorme impacto en el continente. Sin embargo, después de que las celebraciones iniciales se fueron apagando, ya desde los primeros días de 2021, los intentos de sabotaje se han multiplicado: recursos legales para que la ley sea declarada inconstitucional, mandatos judiciales en varios estados para suspender su aplicación y, sobre todo, el rechazo a realizar abortos por parte de doctores que se amparan en la “objeción de conciencia” contenida en la ley. Entonces, después de que le Frente de Todos sufriera una derrota en las elecciones parlamentarias intermedias de noviembre de 2021, Alberto Fernández nombró jefe de su gabinete (por recomendación de la vicepresidenta Cristina Fernández) a un infame enemigo del derecho al aborto, Juan Manzur, quien como gobernador de Tucumán exigió que una niña de once años, Lucía, diera a luz a pesar de que ella reclamaba abortar porque había sido violada.
En las elecciones de noviembre, el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), parte de la Fracción Trotskista y componente dirigente del FIT-U, criticó el nombramiento de Manzur y acusó al “Frente de Todos y sus agrupaciones feministas, sindicales, políticas, estudiantiles y movimientos sociales afines” de “desmovilizar al movimiento de mujeres”. Sin embargo, al mismo tiempo, representantes de Pan y Rosas, una tendencia feminista vinculada al PTS, participaron sororamente en un intercambio con Ofelia Fernández, una joven legisladora de Buenos Aires y estrella en ascenso del Frente Patria Grande kirchnerista, criticando suavemente la “tibieza” de su concepto de un “feminismo popular”.
Las “feministas socialistas” afiliadas al PTS dicen estar por “la organización de un movimiento de mujeres independiente del Estado, que no tenga compromisos con los gobiernos de turno”.5 Sin embargo, con su efusiva alabanza de la Marea Verde y con su entusiasta y prácticamente acrítico apoyo a la campaña #AbortoLegal2020, el seudotrotskista PTS era parte, de hecho, de un movimiento feminista de carácter frentepopulista de apoyo al “gobierno peronista de turno”.
El peronismo es y ha sido un pilar de la política capitalista en Argentina desde la época del general Perón a mediados del siglo XX. Esta corriente populista juega un papel clave en la subordinación de los sindicatos obreros y los movimientos populares al tutelaje de un sector de la clase dominante capitalista, casi siempre con “socialistas” oportunistas como furgón de cola del tren populista. Su papel en la lucha por el derecho al aborto es un nuevo ejemplo de este patrón. Los auténticos trotskistas habrían votado críticamente a favor incluso de la muy parcial legalización del aborto que fue sometida a votación en 2020, insistiendo todo el tiempo en el derecho incondicional al aborto en cualquier momento del embarazo, pero llamando también a romper políticamente con el Frente de Todos y todos los partidos, coaliciones y políticos burgueses. Y es que hace falta una revolución socialista para conquistar el derecho al aborto gratuito para quien lo solicite.
El derecho al aborto bajo ataque frontal en EE.UU.
La legalización limitada del aborto en Argentina por medio de la aprobación de una nueva legislación y en México por medio de decisiones de la Suprema Corte, desencadenó una oleada de entusiasmo y esperanza en toda América Latina (véase “Después del fallo seguimos exigiendo ¡aborto libre y gratuito!” (Revolución Permanente No. 11, octubre-diciembre de 2021). Sin embargo, al norte de la frontera, en Estados Unidos, se ha desatado una oleada de miedo debido a la inminente anulación del derecho individual al aborto que quedó establecido en el fallo de la Suprema Corte en el caso Roe v. Wade de 1973. Casi al mismo tiempo que la Suprema Corte de México emitía un fallo que declaraba inconstitucional la “criminalización absoluta” del aborto, entró en vigor una ley extremadamente antiaborto en Texas (la SB8). Esta ley proscribe el aborto después de las primeras seis semanas de embarazo sin excepción para las víctimas de violación. Aún más inmediata es la amenaza de una ley del estado de Mississippi, ahora bajo consideración de la Suprema Corte de EE.UU., que podría representar la oportunidad para que la super mayoría derechista y antiaborto de la Corte revierta el fallo Roe v. Wade. Leyes similares que supuestamente se basan en la detección de actividad cardíaca en el embrión, han sido aprobadas desde entonces en otras legislaturas estatales dominadas por el Partido Republicano, como en Kentucky, Georgia y Ohio.
Se presenta a bocajarro la cuestión de cómo luchar en contra de este ataque a gran escala en contra de los derechos de la mujer, el derecho al aborto y los derechos de gays y personas transgénero. Algunas feministas burguesas mainstream han declarado que la batalla legal se ha perdido: “Roe se fue. Es momento de una nueva estrategia”, rezaba el encabezado del New York Times (1º de noviembre de 2021). ¿En qué consiste esta “nueva estrategia”? En protestas, boicots y, sobre todo, en buscar “el poder político, lo que implica activarse en la política electoral”. En otras palabras, se trataría de votar a favor del Partido Demócrata. Pero ésta ha sido desde el principio la “estrategia” del callejón sin salida del movimiento feminista burgués. Lo que prevén, dado que el movimiento antiaborto se basa en la afirmación del “derecho de los estados” a prohibir el aborto, es una división social fundamental entre los estados “rojos” (republicanos), en los que el aborto estará prohibido, los derechos para gays y personas trans serán negados y satanizados, etc., y los estados “azules” (demócratas), en los que el aborto (con límites) es legal y aquellos derechos son afirmados, al menos de manera formal, además de algunos estados de color “púrpura” en los que el resultado de la batalla aún pende de la balanza.

Seudosocialistas llaman a favor de un “movimiento de masas” junto con feministas burguesas. ¿Como con quiénes? Por ejemplo, con Gloria Steinem, quien dio el discurso inaugural de la Marcha de las Mujeres, movilización demócrata, de enero de 2017 en Washington. Desde finales de los años 1950
hasta principios de los 1970, Steinem fue “activo” de la CIA y trabajó con la agencia imperialista de espionaje en la Guerra Fría antisoviética identificando a izquierdistas al infiltrarse en organizaciones de mujeres en EE.UU.
(Foto: John Minchillo / AP)
Entre las feministas pequeñoburguesas, la nueva-vieja estrategia consiste en construir un “movimiento de masas” para ejercer una política de presión en las calles. La publicación en línea Left Voice encarna esta línea política, al declarar que la lucha por el derecho al aborto se decidirá “como resultado de un movimiento heterogéneo de masas” que tome como modelo a la Marea Verde en Argentina. LV, que forma parte de la “red” de publicaciones digitales afiliadas a la Fracción Trotskista, escribió que en Argentina, “aunque los partidos capitalistas de toda ralea tienen miembros que se rehúsan a apoyar el derecho al aborto, el movimiento de masas obtuvo una victoria” (“Necesitamos un movimiento de masas para defender el derecho al aborto y lo necesitamos ahora” [en inglés], 4 de septiembre de 2021). A lo que están llamando es, básicamente, a una forma “combativa” de política de presión. ¿Y qué significa eso de un “movimiento heterogéneo de masas”? A lo que se refieren es a un movimiento que abarque a políticas feministas burguesas, como en Argentina. Ésta es la política de la colaboración de clases, y en todo lugar y en todo momento los componentes burgueses –en Argentina los peronistas, en EE.UU. los demócratas– son quienes establecen la verdadera agenda.
Al construir movimientos de masas “heterogéneos” que incluyen fuerzas de clases no sólo diferentes, sino contrapuestas, según la lógica del mínimo común denominador, son los elementos más “moderados” los que terminarán imponiéndose sobre los otros. En Argentina, la peronista Cristina Fernández declaró en 2005 que se oponía al aborto. En EE.UU., la demócrata Hillary Clinton declaró en 2007 durante su primera campaña por la presidencia que el aborto debería ser “seguro, legal y raro, y por raro, quiero decir escaso”.6 Si la presión de los movimientos de masas pudiera hacerlos cambiar de posición, sólo sería hasta cierto punto. La legalización parcial del aborto en Argentina es una conquista significativa en un país dominado por la iglesia católica, pero las limitaciones de la ley son reales: no sólo es que la “objeción de conciencia” permita que doctores se rehúsen a realizar el procedimiento, sino también lo es la restricción a las primeras 14 semanas del embarazo. En Estados Unidos, la ley de Mississippi que anula el derecho al aborto propone proscribirlo tras 15 semanas. Sin embargo, los diputados del PTS en la legislatura argentina, al menos de acuerdo con las publicaciones en el sitio web Izquierda Diario de la FT, apenas han presentado las más suaves críticas a la cláusula de objeción de conciencia (un par de intervenciones en apoyo del “disenso parcial” en comité) y evidentemente no intentaron proponer ninguna enmienda, esto en medio de una avalancha de artículos diarios a favor de la ley.

Internacionalistas en la manifestación de 12 de septiembre de 2021 en Nueva York en defensa del derecho al aborto critican al Partido Demócrata, que hace campaña para conseguir votos de mujeres, pero bloquea la lucha a favor del derecho pleno al aborto. (Foto Internacionalista)
Otro artículo en el sitio web de la FT en EE.UU. declara que en una “Marcha de las Mujeres” a nivel nacional, LV “marcharía a favor del derecho al aborto gratuito, seguro y legal a quien lo solicite, sin excusas”. Sin embargo, aunque el artículo dice que “no podemos confiar en los tribunales ni en los demócratas” estas manifestaciones “heterogéneas de masas” en realidad fueron movilizaciones de apoyo al Partido Demócrata para las elecciones intermedias de noviembre. El Internationalist Group participó en una manifestación en Nueva York el 12 de septiembre de 2021convocada por LV y diversos grupos de izquierda. Nuestras pancartas llamaban a “Defender las clínicas de aborto”, “Aborto libre y gratuito” y “Trabajadores: ¡defender los derechos de trans, gays y lesbianas!” También advertimos “Demócratas: enemigos de las mujeres”, “Demócratas buscan los votos de las mujeres, pero entierran el derecho al aborto” y “Hillary [Clinton], [Kamala] Harris, [Nancy] Pelosi, AOC [Alexandria Ocasio-Cortez] ¡son políticas capitalistas, no nuestras hermanas!” Sin embargo, el IG no participó en las manifestaciones del 2 de octubre para conseguir votos a favor de Biden y los demócratas que Left Voice ayudó a organizar.
El artículo de LV para la manifestación del 2 de octubre llevaba como encabezado: “El aborto legal, gratuito y seguro se conquistará en las calles” (Left Voice, 2 de octubre de 2021). Pero aunque se trata de una simple reivindicación democrática, el derecho al aborto gratuito para quien lo solicite no se conquistará simplemente marchando en las calles. En EE.UU., bajo el estándar establecido en el fallo Roe v. Wade, y el concomitante Doe v. Bolton, el aborto puede ser practicado incluso en el tercer trimestre del embarazo (tras 24 semanas) si es necesario para “preservar la … salud de la madre”. La “salud”, de acuerdo con ejemplos citados en Roe, puede incluir el “estigma de una maternidad no deseada”, el peso del cuidado infantil y “la intranquilidad ante todo lo que implica un hijo no deseado”. Pero dejando de lado el hecho de que el aborto no ha sido gratuito (la Enmienda Hyde de 1976, aprobada durante la presidencia del demócrata Jimmy Carter, prohíbe el uso de fondos federales para pagar abortos), esto sigue siendo cualitativamente diferente del aborto para quien lo solicite. Ya sea bajo el capitalismo del “estado de bienestar” en Escandinavia, o bajo su variedad de “libre mercado” norteamericana, el derecho al aborto no es accesible en virtud de la sola decisión de la persona embarazada.
La familia: célula fundamental de la sociedad capitalista y de la opresión de la mujer
¿Cómo se explica que este simple procedimiento médico sea
regulado por el estado en todas partes y se niegue a
millones de mujeres, causando decenas de miles de muertes
maternas cada año? Ciertamente, está la oposición de
fundamentalistas religiosos católicos, evangélicos,
musulmanes y judíos, que afirman que un feto en el vientre
es una “persona no nacida”, o quienes se oponen de plano al
derecho de la mujer a controlar su cuerpo. Pero más allá de
los fanáticos del “escuadrón divino” que sitian las clínicas
de aborto –e incluso asesinan a quienes trabajan en ellas en
nombre de un hipócrita “derecho a la vida”– el hecho es que
prácticamente ningún político burgués respalda el derecho
pleno al aborto porque todos ellos defienden a la
familia, la célula fundamental de la sociedad
capitalista. El derecho de la mujer a elegir tener un hijo o
no puede derivar en una caída en los nacimientos y socavar
un orden social construido sobre la base de su
sojuzgamiento. Esta es también una razón por la que se ha
considerado como subversivos los derechos de los gays y las
personas trans. Esto es lo fundamental de la histeria
antiaborto: según los racistas, no están naciendo
suficientes bebés blancos. Las mujeres negras,
latinas e inmigrantes, en cambio, son frecuentemente objeto
de abortos involuntarios y de esterilización forzosa.7
Los marxistas revolucionarios siempre han estado en la primera línea de la lucha en contra de la opresión de la mujer y a favor de la igualdad. En su libro seminal, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884), Friedrich Engels escribe (capítulo 2): “el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino”. En el matrimonio monógamo, continúa, “el predominio del hombre sobre la mujer en la familia moderna, así como la necesidad y la manera de establecer una igualdad social efectiva de ambos, no se manifestarán con toda nitidez sino cuando el hombre y la mujer tengan, según la ley, derechos absolutamente iguales. Entonces se verá que la liberación de la mujer exige, como condición primera, la reincorporación de todo el sexo femenino a la industria social, lo que a su vez requiere que se suprima la familia monógama como unidad económica de la sociedad.”
En el Manifiesto Comunista (1848), Marx y Engels lanzaron el famoso llamado de “¡Abolición de la familia!”. Y añadieron: “Al hablar de estas intenciones satánicas de los comunistas, hasta los más radicales gritan escándalo.” Esto es tan verdadero hoy como lo fue entonces, al grado de que no pocos reformistas estalinistas y socialdemócratas se unieron para intentar enterrar este llamado revolucionario. Los maoístas de todas las variedades declaran que la familia es una “unidad de lucha por el socialismo”.8 ¿Pero qué significa entonces la “abolición de la familia”? En la edición del Internationalist Group del Manifiesto Comunista incluimos una nota que lo explica:
“Aquí y a lo largo del Manifiesto, cuando se habla de ‘abolición’ la palabra original en alemán es Aufhebung, que también denota superación, sustitución. En la dialéctica de Hegel, la Aufhebung representaba la resolución de una contradicción. De ahí que el significado de la frase de Marx y Engels incluya el concepto de sustitución de la familia por instituciones sociales colectivas más altas”.Engels formuló esto en El origen de la Familia…:
“En cuanto los medios de producción pasen a ser propiedad común, la familia individual dejará de ser la unidad económica de la sociedad. La economía doméstica se convertirá en un asunto social; el cuidado y la educación de los hijos, también. La sociedad cuidará con el mismo esmero de todos los hijos, sean legítimos o naturales.”Clínica de abortos en la joven Unión Soviética. En 1920, bajo Lenin y Trotsky, la Rusia Soviética se convirtió en el primer país del mundo en permitir el aborto, de manera gratuita y a quien lo solicitara, en cualquier momento de la gravidez. Más tarde, Stalin eliminó muchas de las conquistas de las mujeres. (Foto: russianphoto.ru)
Luchamos por reivindicaciones tales como guarderías gratuitas disponibles las 24 horas, lo que apunta a las instituciones de este tipo en una sociedad socialista, junto con reivindicaciones democráticas, como aborto gratuito a quien lo solicite, que no podrán ser plenamente realizadas sin una revolución, toda vez que afectan a instituciones que son vitales para la sociedad capitalista. En los primeros años de la Revolución Bolchevique bajo Lenin y Trotsky, no sólo se estableció la igualdad de hombres y mujeres ante la ley, junto con el derecho a divorciarse y la abolición de las leyes que proscribían la homosexualidad y la sodomía, sino que en 1920 la Rusia Soviética se convirtió en el primer país del mundo en permitir el aborto, de manera gratuita y a quien lo solicitara, en cualquier etapa del embarazo. Al mismo tiempo, se empezó a establecer guarderías, comedores y lavanderías a bajo costo, etc. Sin embargo, las condiciones materiales de un país económicamente atrasado y asediado por el imperialismo impusieron limitaciones, y con la contrarrevolución política burocrática bajo Stalin después de 1924, estas conquistas fueron paulatinamente eliminadas hasta que en 1935 se ilegalizó el aborto. La familia fue rehabilitada a expensas de los derechos de la mujer9
Sin embargo, una economía colectivizada y planificada puede sentar las bases para la liberación de la mujer. De hecho, en lugares como la República Democrática de Alemania (RDA) –el estado obrero burocráticamente deformado de Alemania Oriental– había restaurantes, lavanderías, guarderías y otros medios socializados a bajo costo para hacer posible la superación de la esclavitud doméstica de la mujer, al mismo tiempo que las mujeres eran “reincorporadas a la industria social” con un 95 por ciento de ellas empleadas fuera del hogar. Esto hizo posible también el derecho al aborto prácticamente sin restricciones. Pero como resultado de la contrarrevolución capitalista, el derecho al aborto fue eliminado prácticamente en su totalidad en países como Polonia, lo que ha desembocado en luchas recientes, en tanto que en la Alemania imperialista reunificada el aborto sigue siendo ilegal (aunque no se lo persigue judicialmente en el primer trimestre).
En resumidas cuentas: la superación de la opresión de la mujer es imposible bajo el capitalismo. La Liga por la IV Internacional lucha por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista.
Las feministas aceptan el marco del capitalismo
Las feministas de la clase dominante no son las únicas que rechazan el llamado a favor de la abolición de la familia y a su sustitución por instituciones socializadas para superar el fardo del trabajo doméstico. Éste es también el caso de muchas feministas pequeñoburguesas de izquierda. Un ejemplo es Silvia Federici, la feminista “autonomista” italiano-norteamericana que frecuentemente es citada por “radicales” en México y otros países. Conocida desde los años 1970 por su participación en el movimiento “salarios para el trabajo doméstico” junto con Selma James10 y Mariarosa Dalla Costa, Federici se ha convertido en una suerte de gurú para feministas cercanas al zapatismo e incluso en círculos que dicen ser marxistas. La Fracción Trotskista ha coqueteado con Federici, al escribir que son “importantes los aportes que realiza” y al quejarse de que “diferentes corrientes toman a Silvia Federici para realizar críticas al marxismo”.11 Incluso con sus recientes ataques contra el marxismo, la FT apenas hace las más tibias e implícitas críticas a este ícono del feminismo “radical”. De hecho, el feminismo de Federici siempre ha sido profundamente antimarxista. Su primera obra de importancia, Calibán y la bruja (2004), sostiene la absurda tesis de que las mujeres en Europa gozaban, supuestamente, de mucha más libertad en la Edad Media feudal, y que luego fueron esclavizadas por el capitalismo.
Usando un lenguaje marxistoide, la reciente colección de ensayos de Federici titulada El patriarcado del salario (2018) no es más que una extensa y lastimosa letanía antimarxista. (La edición en español lo plantea explícitamente en el subtítulo: “Críticas feministas al marxismo”.) Federici sostiene que “el desinterés de Marx por el trabajo doméstico” se debe a que le parecía “una forma arcaica que pronto será superada por el progreso de la industrialización”. Esto la lleva a decir que “nos ha forzado a reconsiderar uno de los principales dogmas de la teoría de la revolución de Marx”, a saber, que “el capitalismo y la industria moderna son condiciones previas para liberar a la humanidad de la explotación”. En cambio, según ella, esto podría supuestamente ser realizado por comunidades dispersas (“comunes”) basadas en la “asociación cooperativa”.
Selma James (izquierda) y Andrea D’Atri de la Fracción Trotskista, posan con un pañuelo verde. (Foto: Izquierda Diario)
En uno de los ensayos, Federici sostiene que proletarios varones “llamaron a la exclusión de las mujeres de las fábricas y otros lugares de trabajo asalariado, aduciendo que su lugar estaba en casa”, lo que supuestamente mostraría que los “intereses del hombre proletario y del capitalista coincidían en este aspecto”. Esta grotesca afirmación según la cual este clásico ejemplo de falsa conciencia burguesa de alguna manera representaba los intereses de los proletarios varones no es nada más que un apoyo “teórico” a los capitalistas, un ataque contra las trabajadoras y un sabotaje de la lucha marxista por unir a proletarios y proletarias en contra del machismo, la discriminación y la opresión de la mujer en los lugares de trabajo. De manera semejante, Selma James sostuvo que las mujeres que van a trabajar a la fábrica son esquirolas.12
Al argumentar a favor de “comunes” estilo zapatista en lugar de comunismo, Federici básicamente acepta el marco del capitalismo y niega que la liberación de la mujer haya de basarse en el desarrollo de las fuerzas productivas en una economía socializada. En un folleto alabado por anarcosindicalistas, Federici sostiene que la socialización del trabajo doméstico equivale al control “estatal”. En lugar de ello, se pronuncia a favor del “salario para el trabajo doméstico”. Las mujeres deben aceptar con los brazos abiertos el papel de amas de casa, sostiene, para “comprender que también son amas de casa”; rechazar esto equivale a “una debilidad” que “se mantiene y perpetua mediante la falta de autoidentificación”. Federici continúa:
“Debemos y queremos reconocer que todas somos amas de casa, todas somos prostitutas y todas somos gays, porque mientras aceptemos todas estas divisiones y pensemos que somos algo mejor, algo distinto a un ama de casa, estaremos aceptando la lógica del amo, [que es una lógica que divide y que para nosotras es la lógica de la esclavitud].”–Silvia Federici, Salarios contra el trabajo doméstico (1974)13Federici sostiene que el reconocimiento de todas las mujeres como amas de casa y del trabajo doméstico y del “trabajo reproductivo” como trabajo social garantiza el reconocimiento de las mujeres como trabajadoras, su contratación colectiva y su derecho a huelga, y niega el “contrato social” existente de labores domésticas no pagadas que las mujeres en todo el planeta supuestamente han aceptado. Así lo dice: “A partir de ahora queremos dinero por cada uno de estos momentos, y poder así negarnos a llevar a cabo parte de él y eventualmente todo”. No es sólo que esta perspectiva acepte incondicionalmente a la familia, sino que hace de la opresiva separación de la mujer del trabajo social una virtud. Esto sugiere que las mujeres se explotan doblemente a sí mismas si toman un “segundo trabajo” (¡!). Esto acepta que el hombre es el “patrón” y deja a la burguesía libre de responsabilidad por la brutal explotación que ejerce sobre los proletarios, hombres y mujeres.
Alexandra Kollontai con niños que quedaron huérfanos en la
Guerra Civil que libraron fuerzas contrarrevolucionarias aliadas
con el imperialismo contra la
Rusia Soviética. Kollontai fue cofundadora del Zhenotdel, el departamento del Partido Comunista para el trabajo con las mujeres, responsable de que se legalizara
por primera vez en la historia el aborto, y aguda crítica del feminismo.Peor todavía, hiede a privilegio pequeñoburgués, toda vez que su objetivo es “rechazar” todas las tareas domésticas en lugar de socializarlas, y si la respuesta fuera que se pagara por éstas, ¿por qué entonces una mujer no podría simplemente contratar a otra mujer –su “hermana”– para que ésta le vendiera su fuerza de trabajo y realizara esas tareas a cambio de un miserable salario esclavo? Pero, además, esto es exactamente lo que ocurre hoy en día bajo el capitalismo, cuando burguesas y pequeñoburguesas contratan a otras mujeres –en Estados Unidos muchas de ellas inmigrantes indocumentadas negras y latinas, en México y otros países de América Latina mujeres indígenas– para limpiar la casa y mantenerla funcionando, así como para cuidar a los niños. Esto subraya el argumento de la dirigente bolchevique Alexandra Kollontai de que las feministas únicamente buscan privilegios para sí mismas:
“Para la mayoría de las mujeres del proletariado, la igualdad de derechos con los hombres significaría sólo una parte igual de la desigualdad, pero para las ‘pocas elegidas’, para las mujeres burguesas, de hecho, abriría las puertas a derechos y privilegios nuevos y sin precedentes que hasta ahora han sido sólo disfrutados por los hombres de clase burguesa. Pero, cada nueva concesión que consiga la mujer burguesa sería otra arma con la que explotar a su hermana menor y continuaría aumentando la división entre las mujeres de los dos campos sociales opuestos. Sus intereses se verían más claramente en conflicto, sus aspiraciones más evidentemente en contradicción.”–Kollontai, “Las bases sociales de la cuestión de la mujer” (1909) reproducido en el folleto Internacionalista Los bolcheviques y la liberación de la mujer.¿A dónde lleva un movimiento “heterogéneo” de mujeres?
En su artículo para la “marcha de mujeres” del Partido Demócrata del 2 de octubre de 2021 que decía en su encabezado que el derecho al aborto “se conquistará en las calles”, LV presenta una visión distorsionada acerca de la manera en que se dio el fallo en Roe v. Wade, al referirse a decenas de miles en las calles para inclinar a la Suprema Corte a favor de las masas. También cita el “contexto” de las manifestaciones contra la guerra, el movimiento por los derechos civiles, la Nueva Izquierda, etc. Ciertamente, los conservadores jueces, enfundados en sus togas negras, no decidieron sobre la base de arcanos razonamientos legales que el aborto debía ser protegido constitucionalmente en virtud del derecho de la mujer a la privacidad. Pero lo que llevó a la burguesía a dar este paso trascendió con mucho las protestas callejeras. La sociedad norteamericana estaba en pleno estallido, con levantamientos en los guetos en todo el país, ciudades sometidas a la ley marcial impuesta por el ejército y la Guardia Nacional, trabajadores en ocupaciones de plantas automotrices, mientras la burguesía libraba una guerra que estaba perdiendo en Indochina, donde los soldados norteamericanos se rehusaban a seguir las órdenes de sus oficiales, a algunos de los cuales incluso “fragmentaban” usando granadas de fragmentación. En estas condiciones, el derecho al aborto fue concedido, se declaró una moratoria a la racista pena de muerte y se aprobó leyes que limitaban la secrecía del gobierno y los poderes presidenciales en tiempos de guerra.
Gloria Steinem, “activo” de la anticomunista CIA, charla con la anticomunista Lucy Komisar en la Primera Conferencia Nacional de Mujeres, 1977. Si se llama a favor de un “movimiento de masas” multiclasista y “heterogéneo” con feministas burguesas, esto es lo que resulta.
(Foto: Diana Mara Henry)Las organizaciones feministas burguesas a las que LV se refiere, fueron establecidas en buena medida para descabezar los movimientos feministas radicales y de la Nueva Izquierda que estaban creciendo. La incursión del Socialist Workers Party (SWP) en la National Organization for Women (NOW), la principal organización feminista en EE.UU., ofrece una lección práctica acerca de lo que significa organizar un “movimiento de masas” multiclasista y “heterogéneo” –es decir, de colaboración de clases– en favor de los derechos de las mujeres. El vehículo del SWP era la Women’s National Abortion Action Coalition (WONAAC–Coalición Nacional para la Acción de las Mujeres a favor del Aborto), una organización reformista dirigida por militantes que tenían ya buen tiempo de haber dejado de ser trotskistas. Naturalmente, el SWP intentó ganar personas a su política. Pero como típicamente ocurre con los reformistas, lo que principalmente deseaban era ganar el control organizativo, más que librar una batalla política en contra de los demócratas liberales, que en todo caso perderían. Pero en la conferencia nacional de NOW de septiembre de 1971, el SWP se enfrentó a la dirección de NOW, lo que condujo a una explosión del más rabioso hostigamiento anticomunista.
La disputa surgió cuando se propuso respaldar los esfuerzos de la WONAAC por coordinar una campaña nacional para derogar todas las leyes antiaborto, culminando en las manifestaciones del 20 de noviembre de 1971 en Washington y San Francisco que LV vitorea. Pero lo que subyacía a esto era el anticomunismo descarado de las fuerzas en la dirección de NOW que querían dar la espalda a las manifestaciones de masas para trabajar dentro del Partido Demócrata. En la convención de NOW de septiembre de 1971, una tal Lucy Komisar presentó una resolución de condena contra el SWP por “dividir y explotar” el movimiento de las mujeres “por sus propias metas y propósitos”. Aunque esta moción fue derrotada, otra se aprobó en su lugar para condenar en general a cualquier organización que “divida y explote” al movimiento de las mujeres. Pero no terminó aquí la cuestión. Unos meses después, Komisar entregó un “Informe confidencial al consejo de gobierno de NOW sobre las actividades del Socialist Workers Party y la Young Socialist Alliance” que llamaba a que la organización “no tenga ningún trato con miembros y organizaciones vinculados al SWP y a la YSA”.
El extrotskista Socialist Workers Party buscó en vano conseguir el apoyo de feministas burguesas a favor de su manifestación de noviembre de 1971 por el derecho al aborto. La Organización Nacional de Mujeres (NOW) respondió con una cacería de brujas anticomunista.
Komisar colaboraba con el Women’s Political Caucus, que también llamaba a trabajar dentro del Partido Demócrata y a apoyar a este partido capitalista. Pero en lugar de combatir directamente este programa político burgués, una convención del SWP aprobó una resolución que declaraba: “Sin importar qué orientación tengan los grupos de mujeres con respecto a la política de presión [en el Congreso] y con respecto a las elecciones, deberíamos ser capaces de unirnos todos para mostrar nuestra fuerza detrás de una cuestión como la derogación de todas las leyes antiaborto”. La resolución continúa: “La verdad es que las mujeres están simultáneamente unidas por la opresión sexista y divididas por la sociedad de clases. Hay una base objetiva para una lucha unificada de las mujeres de diferentes nacionalidades y clases debido a que el capitalismo oprime a todas las mujeres en tanto que mujeres” (“NOW, Women’s Political Caucus, & Nov. 20”, The Militant, 19 de noviembre de 1971). De hecho, las contradicciones de clase son determinantes. Las doctoras, abogadas, profesoras y patronas demócratas liberales de NOW eran inflexibles en su llamado a reformar las leyes antiaborto, no a abolirlas, así como en su empeño en deshacerse de todos los “rojos” (y hasta de los rojillos socialdemócratas como los del SWP) que pudieran interponerse en su camino.
Y hasta aquí llegó un “movimiento heterogéneo de masas” a favor del derecho al aborto: se intentó entonces y las damas burguesas eran las que dirigían la orquesta. De intentarlo una vez más, el resultado será el mismo. La igualdad racial, de género y económica no estaba en el programa de las feministas burguesas: como Kollontai explicó, lo que buscan es conseguir privilegios para sí mismas. La lógica del feminismo, de todas sus variedades, es llamar por la unidad de todas las mujeres. ¿En contra de qué o de quiénes? ¿Los hombres? ¿“El Patriarcado”? Eso puede sonar radical, pero en los hechos preserva a la familia burguesa como la unidad básica de la sociedad. La lucha contra la opresión de la mujer no es en el fondo una lucha de género, ni simplemente una lucha por derechos democráticos (como muchos liberales y reformistas sostienen), ni tampoco una lucha “interseccional” de múltiples sectores oprimidos (cuyos intereses frecuentemente se encuentran en conflicto), como pretenden los proveedores de “izquierda” de la política de la identidad. Debe ser una lucha de clases de todos los oprimidos en contra del sistema capitalista que nos explota y oprime, que desemboque en el derribo revolucionario de dicho sistema.
Nuestros camaradas del Comité de Lucha Clasista y la Liga Quarta-Internacionalista do Brasil en la manifestación del Día de la Mujer de 2014 marchan con trabajadores de limpieza en huelga en Rio de Janeiro. La cita de la dirigente bolchevique Nadezhda Krupskaya dice: “Lo que une a la obrera y el obrero es más fuerte que los que los separa. Los une su falta de derechos, sus necesidades comunes, su situación común, que es la lucha y su meta”. (Foto: CLC)La verdadera lucha tiene que ser una lucha común tanto de las mujeres como de los hombres proletarios en contra de toda forma de opresión, no una sectorialista ni de colaboración de clases. Este tópico fundamental ha atormentado al movimiento feminista desde que se aprobó la Decimoquinta Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos tras el final de la Guerra Civil (1870) que prohíbe limitar o negar el derecho a votar “debido a raza, color, o condición anterior de servidumbre.” Debido a que esta enmienda implicaba conceder a los varones negros el derecho al voto mientras que éste se seguía negando a las mujeres, muchas feministas se le opusieron, aliándose con políticos burgueses linchadores de negros tristemente célebres tras romper con la Equal Rights Association.14 Pero éste no es simplemente un “asunto de las mujeres”. La lucha por el derecho al aborto y la liberación de todos los oprimidos es crucial en la lucha de clases. Esta es la razón por la que todas las organizaciones transicionales fraternalmente aliadas con la Liga por la IV Internacional (Class Struggle Education Workers, Class Struggle Workers-Portland, Trabajadores Internacionales Clasistas, Comité de Luta Classista en Brasil) llaman en sus declaraciones de fundación por aborto libre a quien lo solicite, así como por plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes.
Toda “estrategia” que pretenda conseguir conquistas fundamentales por medio de un “movimiento de masas heterogéneo” de colaboración de clases está condenada al fracaso. Para que las mujeres sean verdaderamente libres, para conquistar el pleno derecho al aborto y para que ese derecho sea realmente accesible a todas las personas embarazadas sin importar su estatus económico, racial o legal, es necesario, precisamente como sostienen Friedrich Engels y el Manifiesto Comunista, abolir la familia en tanto que la unidad básica de la sociedad y superar la esclavitud doméstica con instituciones socializadas, lo que requiere una revolución socialista para realizarse. ■
- 1. El Encuentro Nacional de Mujeres es una reunión feminista que se celebra anualmente en Argentina desde 1986. Cuenta con la participación de activistas de partidos burgueses tanto liberales como conservadores, miembros de asociaciones profesionales, sindicalistas, izquierdistas y no afiliadas.
- 2. Las valientes abuelas y madres de militantes de izquierda asesinados por la dictadura militar argentina (1976-1983) que se manifiestan cada semana utilizando pañuelos blancos en la Plaza de Mayo, frente al palacio presidencial en la capital, Buenos Aires.
- 3. Véase nuestro artículo “Trotskistas italianos sobre el Día Internacional de la Mujer”, Revolución Permanente No. 8, noviembre de 2017: “Sin embargo, la primera manifestación de Ni Una Menos en Argentina no sólo recibió el respaldo de políticas y políticos burgueses, sino también de la iglesia, de la mismísima jerarquía católica (que incluye al actual papa Francisco) que solapó el robo de hijos de izquierdistas asesinados por la Junta Militar.”.
- 4. El peronismo es una corriente populista burguesa argentina que data de los períodos en la presidencia del general Juan Domingo Perón, quien gobernó al país de 1946 a 1955 y nuevamente de 1973 a 1974. Perón consiguió un considerable apoyo entre la clase obrera gracias a la implementación de medidas de seguridad social, infladas con una retórica “antiimperialista”, al mismo tiempo que rompía sindicatos con dirección izquierdista.
- 5. “La campaña electoral del FITU, el programa y la estrategia”, Izquierda Diario, 17 de octubre de 2021.
- 6. Clinton ha limitado frecuentemente su apoyo al derecho al aborto, diciendo que los “abortos tardíos deberían prohibirse, excepto para salvar la vida de la madre” y “Puedo apoyar que se prohíban los abortos tardíos, incluyendo los abortos que son nacimientos parciales, en la medida en que se proteja la vida y la salud de la madre” (2000). Tomado de Hillary Clinton on Abortion – On the Issues (2016).
- 7. Véase “Derrotar las racistas prohibiciones contra el aborto mediante acciones clasistas”, The Internationalist, No. 56, mayo-junio de 2019.
- 8. Véase “Maoism and the Family”, Women and Revolution, No. 7, otoño de 1974. W&R era el periódico de la Comisión de la Mujer de la Spartacist League cuando ésta defendía el programa del trotskismo revolucionario.
- 9. Véase el capítulo “Termidor en la familia” en León Trotsky, La revolución traicionada (1936).
- 10. Véase “Dalla Costa / James y la subversión del marxismo: una crítica” [en inglés] en Women and Revolution No. 5, primavera de 1974.
- 11. “Marxismo y feminismo: ‘El Calibán y la bruja’ de Silvia Federici”, Izquierda Diario, 14 de febrero de 2017.
- 12. En un discurso pronunciado el 7 de noviembre de 1974 en Filadelfia, James, quien dice ser comunista, “afirmó, entre otras cosas, que las mujeres son la clase obrera y que, por lo tanto, no necesitan aliarse con los trabajadores varones en lucha, que los sindicatos deben ser aplastados, que los izquierdistas son agentes conscientes del capitalismo y que el ¿Qué hacer? de Lenin es un panfleto fascista porque argumenta a favor de la necesidad de un partido de vanguardia que lleve la conciencia revolucionaria a la clase obrera” (véase “Selma James Peddles Male Chauvinism, Anti-Communism”, Women and Revolution No. 7, otoño de 1974.
- 13. En la versión en español de este folleto, publicada en la recopilación de textos de Federici Salario para el trabajo doméstico, Traficantes de sueños, 2019, no aparecen las palabras entre corchetes.
- 14. La Equal Rights Association de Estados Unidos fue formada en 1866 para conquistar “el derecho al voto, sin importar raza, color ni sexo”. Incluía en sus filas a activistas reformadores lo mismo hombres que mujeres, negros y blancos. Sin embargo, se escindió tres años más tarde cuando muchas feministas se negaron a apoyar la Decimoquinta Enmienda a la Constitución de EE.UU. que ilegalizaba el negar el derecho al voto en virtud de la raza, pero que no adoptó el derecho al voto de la mujer. Éste no fue conseguido en EE.UU. sino hasta 1919.

Clínica de abortos en la joven
Unión Soviética. En 1920, bajo Lenin y Trotsky, la Rusia
Soviética se convirtió en el primer país del mundo en
permitir el aborto, de manera gratuita y a quien lo
solicitara, en cualquier momento de la gravidez. Más
tarde, Stalin eliminó muchas de las conquistas de las
mujeres.
Selma James (izquierda) y Andrea D’Atri de
la Fracción Trotskista, posan con un pañuelo verde.
Alexandra Kollontai con niños
que quedaron huérfanos en la
Gloria Steinem, “activo” de la
anticomunista CIA, charla con la anticomunista Lucy
Komisar en la Primera Conferencia Nacional de Mujeres,
1977. Si se llama a favor de un “movimiento de masas”
multiclasista y “heterogéneo” con feministas burguesas,
esto es lo que resulta.
El
extrotskista Socialist Workers Party buscó en vano
conseguir el apoyo de feministas burguesas a favor de su
manifestación de noviembre de 1971 por el derecho al
aborto. La Organización Nacional de Mujeres (NOW)
respondió con una cacería de brujas anticomunista.